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Estamos a tiempo

La ciencia del cambio climático no es concluyente; en rigor, ninguna lo es. Para entender de forma sencilla cómo se relacionan las variables que intervienen en el cambio climático se usan modelos. Un modelo es la simplificación de un sistema complejo: los pronosticadores del clima, por ejemplo, usas modelos climáticos. El clima es complejo y no es posible preverlo con exactitud; pero los modelos alimentados con datos históricos permiten pronósticos bastante precisos.

El nobel de economía P. Krugman, usa modelos para explicar el ciclo de la recesión. Su modelo de la cooperativa de canguros [encargados de atender a los niños en ausencia de los padres] y el reparto de cupones explica en términos entendibles para la mayoría cómo funciona tal ciclo. Explicaciones más precisas y complejas siempre requerirán de versados especialistas.


La ciencia en general usa modelos.


En la ciencia del cambio climático se usan modelos históricos sobre: temperaturas, periodicidad e intensidad de lluvias, deshielo, pérdida boscosa, migración humana, tamaño de las manadas, ciclos migratorios, etc. Y sin ser del todo concluyentes, los científicos se hallan en su mayoría, de acuerdo con que la intervención de los humanos apunta a ser la causa principal de la actual degradación medioambiental.


Es de esperar que conforme avanza el siglo la ciencia del cambio climático arribe a conclusiones más precisas sobre las dimensiones y gravedad del problema.


El cambio climático es el reto de nuestra era.


El pangolín es el animal hacia donde apunta el origen del COVID 19; pero nada es concluyente aún. El pangolín es una especie en peligro de desaparecer porque se atribuyen a sus escamas supuestas facultades afrodisíacas y cura de enfermedades. Las escamas del pangolín son del mismo material que las uñas humanas. La acción humana ha empujado la especie a su desaparición.


El león blanco africano se reproduce y cría en granjas. Las hembras se preñan inmediatamente una y otra vez; para satisfacer la demanda de trofeos de caza. La acción humana ha destruido el instinto de caza de una bestia maravillosa que demoró millones de años de evolución hasta convertirse en un depredador casi perfecto.


El elefante africano y el rinoceronte negro se hayan en vías extinción por la caza furtiva y la demanda [irracional] de marfil y uñas. ¡Sí! Porque el material del cuerno del rinoceronte es el mismo que las uñas humanas. Otra vez la intervención humana.


Así podríamos seguir y no nos sorprendería saber que toda la vida en este planeta se haya amenazada. Estamos, dicen los más versados, cerca de una nueva extinción masiva.


La apicultura convencional ha convertido a las abejas en objeto de producción llevándolas a su estado de debilidad genética más bajo en toda su historia evolutiva. ¡Claro! Una vez más la intervención humana.

Con toda la evidencia apuntando en dirección de la conducta humana como principal causa del calentamiento global y la degradación medioambiental, los más optimistas nos dicen: ¡Aún estamos a tiempo! No hemos llegado al punto de no retorno… ¡Estamos a tiempo!


La acción política, gasto público orientado hacía la promoción de la investigación, el cambio tecnológico para proveernos de energías más limpias. Existe un abanico de acciones a tomar. Debemos creer en la ciencia y empujar la acción política en dirección de la prevención, la educación y la legislación ad hoc.


Al final de día, la última frontera para salvar nuestro mundo tal y como lo hemos conocido: es la ética. La ética es esa parte de la filosofía que se ocupar de lo bueno y malo. Solo la conducta humana puede ser examinada desde esos parámetros.


Podemos continuar usando las escamas del pangolín y el cuerno del rinoceronte negro para satisfacer nuestros misticismo y superstición hasta acabarlos y se habrán extinguido para siempre. Podemos llenar salas con trofeos de caza [la cabeza disecada del león blanco] hasta acabar con la especie. Podemos sobre explotar la colmena y acelerar el colapso y empujar la especia hacía su extinción. En todos los casos tendremos que pagar las consecuencias. ¡Claro que nuestra conducta puede continuar como hasta ahora! Pero no será bueno.


Lo que hacemos a otros nos lo hacemos a nosotros.


A la pregunta, ¿Qué significa amar a las abejas? Respondía: respetando el ciclo natural y no sobre explotando el recurso. Nada nos está vedado absolutamente. Tan solo, hace décadas, nos llaman a reflexionar y nos piden racionalidad, sentido común y ética para la conservación.


Me sumo a ese grupo y les invito a hacer una breve reflexión: ¿Está bien la forma como consumimos y sobre explotamos los recursos? ¿Está bien la forma como hemos humillado a la naturaleza y convertido a bestias hermosas en trofeos que alimentan únicamente nuestro ego? ¿Está bien que prevalezca la lógica del consumo sobre recursos escasos? No existen los absolutos. Dotados de razón y conciencia debemos guardar conducta fraternal entre nosotros dice la declaración universal de los derechos humanos. Si estamos en armonía con la naturaleza lo estaremos con todos y todo igualmente.


¡Aún estamos a tiempo!

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Guatemala, Guatemala